viernes, 17 de octubre de 2008

Elogio de la lentitud

Ayer estuve con Reyes, una compañera fotógrafa, haciendo un reportaje sobre menores inmigrantes trasladados desde Canarias a Madrid y que están acogidos por una ONG. Fuimos por la mañana al distrito de Usera, a los talleres donde aprenden electricidad y fontanería y luego nos quedamos un rato con ellos en el parque del barrio. Empezaron a tomar confianza, charlamos un poco, nos preguntaron, se dejaron hacer fotos, hicieron el tonto...
Nos hubiésemos quedado todo el día allí, con ellos, en un banco del parque al sol. Aquí con algunos de los chicos y con Fernando, el presidente de la ONG La Calle. La foto es de Reyes Sedano.



Hasta que corriendo, corriendo, nos tuvimos que ir a Getafe al piso donde viven seis de estos menores. Todos chavales de 16 años con una vida en común y tutelados por sus educadores sociales. De repente, entramos de sopetón en sus vidas, nosotras con las ganas y las prisas de sacar un reportaje en poco tiempo y ellos sin entender, pensando quizás que nos íbamos a quedar en la casa todo el día. Nuestras prisas frente a su tranquilidad. Nos enseñaron su cuarto, el lugar donde rezan el Corán, su terraza con una huerta, pero apenas se dejaron hacer fotos por timidez y vergüenza. Llegó un momento que también decidieron que ya habían contado suficiente de su viaje en cayuco y de lo mal que les ha tratado la vida.
Nosotras, al ver que no podíamos sacar más, decidimos irnos. Y ellos pusieron cara de circunstancia: “¿Es que no os quedáis a comer?”. Habían preparado en la mesa donde almuerzan todos los días dos platos más de arroz con carne, pero ni nos habíamos dado cuenta. Ellos mismos son los que cocinan y hacen las tareas. Y entonces nos calmamos, y comimos con ellos un plato picante con vasos de agua y hablamos de muchas cosas.
Luego me sentí mal. Por las prisas, porque estuvimos a punto de hacerles un feo a su comida, porque un reportaje requiere varios días y nos hubiese gustado a las dos quedarnos allí con los chicos y los educadores, la tarde, la noche, al día siguiente. Por nosotras, encantadas. A ver si llega el día en que algún superior decide que las cosas se pueden hacer con calma.

PD: Próxima parada, Transilvania...

2 comentarios:

ETDN dijo...

A veces una piensa que nos hemos equivocado de profesión...pero la posibilidad de realizar ese tipo de reportajes y de contarlo, aunque sea con poco tiempo y con prisas (maldito reloj, maldita ceguera de quienes tienen la posibilidad de hacer que las cosas se hagan de otra manera y no se dan cuenta) certifica que a veces el periodismo (bien hecho) sirve para algo.

Seguro que esa lección no la olvidáis.

Suerte en mi tierra transilvánica (ya sabes que soy medio vampira, jajaa)

bss

KARTERISTAS somos todos dijo...

ayer y hoy te eché mucho de menos porque se que hubieras saltado la valla conmigo.
tu en una Rumania y yo en otra.
espero que tu viaje haya sido como lo esperabas.
porque te lo mereces como profesional y por tu lado humano.
gracias cielo.