
En la isla apenas había gente, y los que había eran todos alemanes, como el señor de la foto. Que estaba completamente solo.

Un día subió la marea y nos pilló a los dos entre las rocas que separan dos playas. Yo me asusté, no sabía por donde salir y empecé a escalar las rocas para buscar otro camino. A él se le veía feliz, con los cuatro pelos al viento y en chanclas.
Por la noche, en las terrazas, observé a muchas parejas que no se hablaban entre sí. Podían pasarse horas sin dirigirse la palabra. Y pensé en la felicidad del viejo, que se pasó días y días solo, sin tener que buscar ningún tema de conversación.
4 comentarios:
Incluso, a lo mejor, se escuchó a sí mismo y no encontró mejor conversador.
Se hace gustar este blog. Enhorabuena.
Me han entrado ganas de irme a... era Lanzarote? Da igual.
Bonita playa en la que estas ya lo creo, habra que volver.
saludos
Cada vez me gusta más la soledad! sera que tengo una vida interior tan plena como la del alemán de tu foto y me da igual estar sola, aunque es verdad que luego si estás sola por necesidad te sientes mal!
me alegro de que hayas descansado fisica y sobretodo psicologicamente guapa! un besote
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